En los sistemas de producción porcina, el agua representa el nutriente más consumido por los animales, pudiendo duplicar el volumen de alimento ingerido. Aun así, con frecuencia se descuida su calidad microbiológica y fisicoquímica. Incluso cuando es apta para el consumo humano, el agua utilizada en las granjas puede sufrir alteraciones significativas al recorrer tuberías extensas, acumulando materia orgánica, residuos minerales y microorganismos. Estos factores favorecen la formación de biofilms, estructuras que comprometen tanto la seguridad sanitaria como el desempeño zootécnico del plantel. (Nakanishi et al., 2021).
Las biofilms son comunidades microbianas complejas que se adhieren a las paredes internas de las tuberías y bebederos, protegidas por una matriz de polisacáridos y proteínas. Esta estructura actúa como un escudo biológico, dificultando la acción de los desinfectantes y sirviendo como reservorio de patógenos como Escherichia coli, Salmonella spp., Pseudomonas spp. y Streptococcus suis (Little et al., 2021). Incluso en sistemas con cloración continua, la presencia de biofilms reduce la eficacia de los oxidantes y genera puntos de contaminación intermitente, especialmente críticos en fases de mayor vulnerabilidad, como el destete y el periodo de transición.
La ingesta continua de agua contaminada, incluso en niveles subclínicos, puede alterar el equilibrio de la microbiota intestinal y aumentar la inflamación de la mucosa. Estudios demuestran que la exposición a coliformes y endotoxinas en el agua de bebida está asociada a una menor integridad epitelial y a una reducción en la eficiencia de absorción de nutrientes (Nakanishi et al., 2021). Además, el pH y la composición mineral del agua influyen directamente en la digestión y el aprovechamiento del alimento. Aguas con pH superior a 7,5 o alto contenido de carbonatos reducen la solubilidad de minerales y afectan la eficacia de medicamentos y aditivos hidrosolubles, comprometiendo el rendimiento zootécnico y aumentando la variabilidad de peso entre lotes.
El mantenimiento de la calidad del agua requiere un conjunto integrado de acciones preventivas y correctivas, comenzando por la evaluación periódica de parámetros fisicoquímicos y microbiológicos, como pH, dureza, coliformes y conteo bacteriano. Con base en estos datos, el uso de tecnologías de tratamiento se vuelve esencial: acidificantes y bioprotectores reducen el pH del agua, dificultan el crecimiento microbiano y favorecen el equilibrio intestinal; oxidantes estabilizados, como dióxido de cloro o peróxidos, combaten biofilms y patógenos resistentes; y la limpieza de las líneas, junto con filtros de 5–10 μm y el monitoreo automatizado de pH y cloro residual, garantizan estabilidad, seguridad y eficiencia continua del sistema hídrico (Lozinski et al., 2022).
La implementación de un programa continuo de control de calidad del agua genera beneficios directos en el desempeño y la salud de los animales. En un estudio realizado en Australia, en 57 granjas comerciales (que representan aproximadamente el 22% de los grandes establecimientos porcinos), se observó que el agua subterránea era la principal fuente utilizada, y que en más del 60% de las muestras parámetros como pH, dureza, salinidad, hierro, manganeso y contaminación microbiológica superaban los límites recomendados, evidenciando falta de monitoreo y riesgo para la salud y el rendimiento de los cerdos (Edwards & Crabb, 2021).
Más que un simple vehículo, el agua debe considerarse una herramienta estratégica de manejo sanitario y nutricional. La adopción de tecnologías acidificantes y bioprotectoras, junto con programas de monitoreo y limpieza sistemática de las líneas, contribuye a reducir desafíos sanitarios, preservar la integridad intestinal y maximizar el desempeño productivo. En un escenario de alta eficiencia y restricciones en el uso de antibióticos, invertir en la calidad del agua significa invertir directamente en la salud, el bienestar y la rentabilidad de los cerdos.
Referencias bibliográficas
- Nakanishi, E. Y., Palacios, J. H., Godbout, S., & Fournel, S. (2021). Interaction between biofilm formation, surface material and cleanability considering different materials used in pig facilities—an overview. Sustainability, 13(11), 5836.
- Little, S., Woodward, A., Browning, G., & Billman-Jacobe, H. (2021). Water distribution systems in pig farm buildings: critical elements of design and management. Animals, 11(11), 3268.
- Lozinski, B. M., Frederick, B., Li, Y., Saqui-Salces, M., Shurson, G. C., Urriola, P. E., … & Johnston, L. J. (2022). Effects of water quality on growth performance and health of nursery pigs. Translational animal science, 6(1), txac002.
- Edwards, L., & Crabb, H. (2021). Water quality and management in the Australian pig industry. Animal Production Science, 61(7), 637-644.