Sobre la conferencia
Este artículo fue elaborado exclusivamente a partir de la conferencia “Nuevas realidades del comercio internacional: la estrategia de México ”, impartida por Ana Paula Odorica durante el Congreso Opormex 2026.
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Conferencia Opormex 2026 — “Nuevas realidades del comercio internacional” — Ana Paula Odorica
Un acuerdo que es más que comercio
La ponente abre planteando que el T-MEC ya no es solamente un acuerdo comercial: tiene la posibilidad de ser mucho más que eso si se construye una auténtica unión económica y de seguridad para el siglo XXI, o bien de fragmentarse si no se cuida. Lo que tensa esa discusión, que en su origen debería ser meramente comercial, es de naturaleza política: en la Casa Blanca hay una persona que hacia el norte amenaza con anexarse Canadá y hacia el sur amenaza con una intervención unilateral en materia de seguridad.
De ahí la primera lección que recorre toda la charla: hoy los tratados no bastan por sí solos. Hace falta una gestión política activa todos los días, no solo durante los momentos de revisiones o renegociaciones.
Diagnóstico: del “día de la liberación” al fallo de la Suprema Corte
El diagnóstico arranca el 2 de abril de 2025, el llamado “día de la liberación”, cuando Donald Trump anunció en el Jardín de las Rosas, con su tabla de tarifas en mano, una batería de aranceles recíprocos. La expectativa previa era que, al tratarse de una estrategia para contrarrestar el poderío económico de China, México y Canadá quedarían mejor parados; sin embargo, ambos quedaron incluidos en la tabla. La ponente resume el giro de fondo:
“Las tarifas dejaron de ser un instrumento técnico para convertirse en un arma política.” (3:42)
La línea de tiempo posterior encadena varias sacudidas: el shock del 2 de abril; la entrada en vigor de tarifas globales del 10% para todos; la escalada con China; y, a lo largo de 2025, una sucesión de excepciones, pausas y modificaciones. En ese periodo se firmaron además acuerdos comerciales bilaterales, primero con Gran Bretaña y después con Japón.
El parteaguas jurídico llega el 20 de febrero de 2026, cuando la Suprema Corte de Estados Unidos resolvió que la ley de poderes económicos extraordinarios bajo la cual Trump había anunciado los aranceles del “día de la liberación” —referida en la transcripción como “AIPA”— no autorizaba al presidente a imponerlos, porque imponer aranceles es una facultad del Congreso y este nunca delegó esa autorización de manera explícita. En términos de la ponente:
“El presidente no tiene autoridad inherente para imponer aranceles en tiempos de paz y no puede deducir esa autoridad de AIPA.” (7:49)
El fallo fue relevante porque limitó el instrumento más amplio que tenía Trump, pero —y este punto es clave— no lo dejó sin herramientas. La reacción fue inmediata: el presidente se movió hacia otros instrumentos legales. En paralelo, la revisión del T-MEC tiene como fecha formal el primero de julio, aunque ya se han dado consultas y la ponencia menciona otra ronda el 25 de mayo.
La caja de herramientas arancelarias
Obligado a usar instrumentos más específicos —algunos más lentos, otros sectoriales, pero todos potencialmente relevantes para México—, Trump conserva una caja de herramientas. La ponencia describe tres:
| Herramienta | Que permite | Limites / situación |
|---|---|---|
| Sección 122 (Acta de Comercio de 1974) | Paraguas temporal: imponer una recarga a importaciones por problemas de balanza de pagos. Sirve como “puente político” para ganar tiempo y mantener la presión. | Tarifa máxima del 15% y solo 150 días; expira el 24 de julio próximo. |
| Sección 301 | Que el US Trade Representative investigue prácticas de otros países consideradas injustas, irrazonables o discriminatorias (subsidios, robo de propiedad intelectual, dumping). | Es la herramienta favorita del gobierno de Trump contra China; alcanza a quien facilite la entrada injusta de esos productos. |
| Sección 232 | Aranceles por motivos de seguridad nacional; bajo ella se han impuesto tarifas al acero y a distintos metales. | La más delicada políticamente; para México se argumenta por migración y fentanilo, aun cumpliendo el T-MEC. |
Tabla 1. Herramientas arancelarias disponibles (según la ponencia).
La ponencia añade un dato sobre los límites judiciales a estas herramientas: el 7 de mayo, la Corte Estadounidense de Comercio Internacional (CIT, por sus siglas en inglés) definió que estos aranceles no son legales para dos instancias concretas —una empresa particular que demandó al gobierno y el estado de Washington—. La ponente prevé como consecuencia un “vendaval de demandas” y, con ello, más inestabilidad e incertidumbre.
El comercio México–Estados Unidos: déficit y coproducción
El argumento político de Trump se apoya en el déficit comercial. Según la ponencia, las exportaciones de Estados Unidos a México son de 338,000 millones, mientras que lo que Estados Unidos importa de México es una cifra mayor, diferencia que origina el déficit que Trump utiliza para sentir que está en desventaja.
Para México, sin embargo, esa misma posición tiene una lectura distinta: ser indispensable también implica ser muy visible, y la visibilidad no siempre juega a favor.
“Somos indispensables, pero eso también nos hace muy visibles.” (13:32)
El punto técnico central es que México y Estados Unidos coproducen: las cadenas de suministro están integradas y los componentes —para fabricar un automóvil, un producto electrónico, dispositivos médicos, maquinaria o incluso en la agroindustria— cruzan la frontera varias veces antes de que el producto terminado llegue al consumidor. Por eso, un arancel a México muchas veces termina pagándolo más caro el consumidor estadounidense.
Qué debería hacer México: dos errores y tres opciones
Ante el nuevo escenario, México debería evitar dos errores. El primero es correr: tener prisa por revisar y ratificar el T-MEC podría llevar a aceptar condiciones que dañen sectores clave — manufactura, autos, agroindustria, inversión y las propias cadenas de suministro—. El segundo es quedarse sentado sin estrategia, porque la incertidumbre ya tiene costos. Sobre esa base, la ponente plantea tres opciones:
| Opción | En que consiste | Valoración de la ponente |
|---|---|---|
| Ideal | Llegar con propuestas ambiciosas y conseguir protección frente a aranceles para los productos que cumplen con el T-MEC. | Es el objetivo a perseguir. |
| Aceptable | Mantener el acuerdo vivo, pero conviviendo con incertidumbre, sin lograr certeza plena. | No es maravillosa, pero tampoco la peor. |
| Inaceptable | Firmar cualquier cosa —un mal acuerdo— con tal de creer que la certeza eliminará la incertidumbre. | Debe evitarse. |
Tabla 2. Opciones de México ante la revisión (según la ponencia).
“México debe evitar firmar por miedo y esperar por inercia.” (16:24)
La prioridad: blindaje arancelario para productos T-MEC
La prioridad número uno, según la ponencia, es un blindaje arancelario como punto central de la revisión. El planteamiento es que si una empresa cumple con sus reglas de origen, acredita contenido regional con documentos, invierte, paga salarios conforme a las reglas laborales de Norteamérica y opera dentro del marco del tratado, no debería vivir bajo la amenaza permanente de que mañana se le aplique una tarifa por la sección 232, la 301 u otro instrumento. Sin esa protección, advierte la ponente, el tratado pierde su capacidad de dar certidumbre y se vuelve “un paraguas casi con hoyos”.
La agenda positiva: semiconductores y minerales críticos
México no puede llegar a la revisión únicamente a la defensiva; tiene que llevar una agenda de integración. La ponencia identifica dos frentes. En semiconductores, dado que Estados Unidos quiere reducir su dependencia de Asia, México —aunque no compita en la fabricación de los chips más avanzados— puede jugar un papel mayor en ensamble, prueba, empaque, diseño, talento técnico y servicios asociados.
En minerales críticos, Estados Unidos necesita aliados para su trazabilidad, suministro y procesamiento, y México debería buscar acceso preferencial en incentivos, financiamiento y reglas compartidas. La propuesta concreta es replicar la lógica de los acuerdos paralelos del TLCAN original (laboral y ambiental) con un anexo específico de minerales críticos.
Tres retos de la revisión
La ponencia ordena la discusión en tres retos.
Reto 1. Lo que conviene a ambos, pero México no ha cumplido
Hay temas que Estados Unidos pide y que a México le conviene dar. La certidumbre energética no es una concesión a Washington, sino una condición para atraer inversión industrial. Como referencia de contexto, la ponente señala que Standard & Poor’s bajó la calificación de México “ayer” de triple B estable a triple B negativa, con el argumento de que el país gasta demasiado y no genera suficientes ingresos, lo que apunta a un desbalance insostenible en las finanzas. El problema de fondo es que México lleva muchos años sin inversión, ni pública ni privada, y nadie quiere invertir donde no se garantizan el abasto de energía y de agua y donde el sistema judicial está desbalanceado en favor del Estado.
En el plano energético, la ponencia recuerda que Estados Unidos ha señalado el predominio de CFE y Pemex: la regla por la que estas empresas se encargan del 54% de la producción y generación, y los privados del 46%, genera incertidumbre porque los permisos se detienen o se revocan. La pregunta que la ponente devuelve a México es cómo traer manufactura avanzada —semiconductores, autos eléctricos, dispositivos médicos, cadenas farmacéuticas— sin energía suficiente, competitiva y limpia como columna vertebral de la política industrial. A ello suma la facilitación aduanera (competitividad) y la protección intelectual (ecosistema para la innovación y la manufactura avanzada). La síntesis es clara:
“México no debe de cumplir por miedo, México debe de cumplir por estrategia.” (22:56)
Reto 2. Lo que quiere Estados Unidos, pero no conviene a México
No todas las demandas estadounidenses convienen a México. Un ejemplo son las cuotas o restricciones estacionales a frutas y verduras mexicanas para proteger a productores en estados como Florida, que introducen incertidumbre, encarecen las cadenas y castigan ventajas productivas legítimas. Otro son las reglas de origen demasiado estrictas: México debería evitar la triangulación de productos chinos disfrazados de norteamericanos, pero si las reglas se vuelven excesivas pueden romper cadenas eficientes y restar competitividad frente a Asia y Europa. Se suman las tarifas sectoriales de la sección 232 en autos, acero, aluminio y cobre, y las restricciones amplias a insumos chinos: razonables en lo político, pero un “balazo en el pie” si no se aplican con precisión. La ponencia recuerda que el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, había rechazado los aranceles recíprocos por ese motivo, aunque después se aplicaron aranceles a China y a otros países asiáticos con los que México no tiene tratados de libre comercio.
En ese punto entra el “dilema chino”: el día de la ponencia, Trump viajó a China con una amplia comitiva de empresarios para reunirse con Xi Jinping. La reunión, originalmente prevista para abril y pospuesta a mayo, abordaría minerales críticos, Taiwán, soya, carne de res y temas aeroespaciales (entre ellos la compra de aviones Boeing). Por eso acompañaban al presidente los CEO de Boeing y de Cargill.
La ponente subraya la contradicción: Estados Unidos pide a México y a Canadá reducir su relación con China y frenar la triangulación, mientras Washington podría, a la vez, acordar con Pekín en materia de minerales críticos. Añade que Trump llega debilitado por la guerra y por el cierre del estrecho de Ormuz, aunque ese mismo cierre también afecta a China, cuyas importaciones energéticas provienen mayoritariamente de países árabes y cruzan ese estrecho; y recuerda la postura atribuida a Xi Jinping de no interrumpir al adversario cuando se está equivocando.
Reto 3. Negociar con una personalidad, no con una institución
La ponencia advierte que, por más que se discutan las virtudes técnicas del tratado —reglas de origen, paneles de controversia, cadenas regionales, contenido laboral—, la decisión final la tomará Donald Trump como personalidad, no como institución. Eso implica una decisión centralizada, alta imprevisibilidad y pocos contrapesos, más allá de la Suprema Corte (que limitó “AIPA”) y de la CIT (que acotó parte de las herramientas). Para ilustrar el tono de la negociación, la ponente relata una anécdota: en su primer encuentro con el secretario de Comercio, Howard Lutnick, este le habría dicho a Marcelo Ebrard que su mejor cliente en Cantor Fitzgerald era JP Morgan y que, cuando llegaban, su respuesta era siempre la misma.
“Lo que te diga, me contestas, Yes, sir.” (32:38)
La ponente concluye que el BATNA —la mejor alternativa a un acuerdo negociado— es difícil de leer con una personalidad así, y distingue dos comportamientos posibles: el “Taco Trump” (la idea de que Trump siempre se echa para atrás) y el “Fafo Trump”, ejemplificado con el caso de Nicolás Maduro. Nunca se sabe de antemano cuál de los dos aparecerá, lo que vuelve toda la negociación más compleja.
Tres escenarios para el T-MEC en 2026
La ponente insiste en que el primero de julio no se definirá nada: esa fecha solo abre la revisión derivada de la cláusula Sunset, prevista en el artículo 34.7 cuando el tratado se firmó en 2020 (cuando nadie creía que Trump volvería a la Casa Blanca). A partir de ahí plantea tres escenarios:
| Escenario | Descripción | Probabilidad |
|---|---|---|
| Renovación limpia | Los tres países firman y el tratado se extiende por otros 16 años; “se cierra el libro” hasta entonces. | Poco probable: Trump perdería su “pistola sobre la mesa”. |
| Revisiones anuales | No hay prórroga por 16 años, sino revisiones anuales desde 2027 hasta 2036. El tratado no muere, pero tampoco ofrece certidumbre plena. | El más probable (escenario base). |
| Presión extrema | El artículo 34.6 permite que una parte dé aviso y se retire con seis meses de anticipación; puede usarse como palanca política. | No necesariamente se ejecuta; serviría de presión. |
Tabla 3. Escenarios para el T-MEC en 2026 (según la ponencia).
En el escenario base, el T-MEC sobrevive pero sin una prórroga limpia hacia 2042: se entra en una etapa de revisiones anuales con el tratado vigente bajo presión constante, en la que el marco trilateral se mantiene aunque cada vez más conflictos se resuelven por carriles bilaterales. La mala noticia para las empresas es que las revisiones anuales complican los planes de inversión a largo plazo.
La estrategia de los tres verbos y el papel de Canadá
Frente a ese panorama, la ponente propone una estrategia de tres verbos: no correr, no regalar y no romper. No correr es no aceptar un mal acuerdo por prisa ni sacrificar la salud de la economía a cambio de una certidumbre que, mientras Trump esté en la Casa Blanca, no llegará. No regalar es no ceder en sectores estratégicos ni en reglas de origen imposibles de cumplir, ni cerrar la llave a los insumos chinos para complacer a Estados Unidos sin recibir algo a cambio —especialmente protección arancelaria para los productos que sí cumplen el T-MEC—. No romper es mantener vivo el tratado y evitar que quede formalmente vigente pero políticamente debilitado.
Qué deben hacer las empresas
La ponente recuerda que las empresas no deben limitarse a esperar lo que negocie el gobierno. Plantea un cuestionario de autodiagnóstico:
● ¿Cuánto de mi producto cumple realmente con el T-MEC y puedo probarlo con documentos?
● ¿Qué insumos vienen de China o de países con los que México no tiene acuerdos comerciales?
● ¿Tengo alternativas logísticas o de proveedores si llegan aranceles? ● ¿Está bien hecha la clasificación arancelaria?
● ¿Tengo mapeado mi riesgo político y regulatorio?
El mensaje es que conocer el propio compliance, origen, trazabilidad, documentación, proveedores alternativos y flexibilidad logística responde a una pregunta central —qué tan vulnerable soy a una decisión política de Trump— y, al hacerlo, convierte esas capacidades en ventajas competitivas.
Conclusión
La ponencia cierra con una idea de fondo: el comercio internacional entró en una etapa menos jurídica y más política. Las reglas no desaparecieron —el T-MEC sigue importando y los tratados siguen siendo fundamentales—, pero ahora conviven con la presión política, la seguridad nacional, la competencia con China, las elecciones de medio término de noviembre de este año en Estados Unidos y el estilo personal de gobernar de Trump.
El primero de julio de 2026 probablemente no será el día en que muera el T-MEC, pero tampoco el del nacimiento de una nueva era de certidumbre norteamericana; lo más probable es una zona
intermedia, con el tratado vigente pero sin prórroga limpia y con revisiones anuales en carriles a veces paralelos, mientras Trump mantiene los aranceles como mecanismo de presión. La conclusión no es derrotista: México debe corregir lo que le conviene corregir, resistir lo que le conviene resistir, negociar desde la estrategia y no desde el miedo, proteger sus sectores estratégicos, construir alianzas dentro de Estados Unidos y usar el tiempo a su favor. La frase con la que la ponente sintetiza el reto es:
“Lo único cierto es la incertidumbre. El reto no es eliminar la incertidumbre, es aprender a competir dentro de ella.” (44:42)