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El veterinario de granja: de la clínica a la gestión integral
De clínico a gestor
La figura del veterinario de explotación ha dejado de ser, hace tiempo, la de un profesional que interviene cuando aparece la enfermedad. En las empresas de producción porcina modernas, su función se parece más a la de un gestor: alguien que, sobre una base sólida de formación veterinaria, integra conocimientos de nutrición, inmunología, enfermedades infecciosas, ingeniería de instalaciones, tratamiento de datos productivos y, cada vez más, gestión de personas. Su valor diferencial es la visión de conjunto, la capacidad de tener en la cabeza todos los factores que afectan a la producción (temperatura, ventilación, calidad de agua, higiene, purines, genética, alimentación, manejo) para localizar el origen de un problema cuando este se manifiesta.
Sanidad, alimentación y manejo: los pilares de una granja estable
Entre todos esos factores, dos se consideran los pilares de la estabilidad de una granja. El primero es la sanidad: en un contexto en el que enfermedades como PRRS, APP o circovirus se desplazan entre explotaciones y cuentan con hospedadores intermediarios, el control sanitario determina buena parte de la tranquilidad productiva. El segundo es la alimentación, y no solo por su efecto directo sobre el rendimiento. Una cerda con condición corporal desviada, tanto por exceso como por defecto, afronta peor cualquier desafío sanitario. La adopción de sistemas de alimentación electrónica, al estabilizar la condición corporal a lo largo del ciclo, ha mostrado mejoras sanitarias indirectas.
A estos dos pilares conviene añadir el manejo: la experiencia de campo muestra que granjas con estatus sanitario alto pero personal poco formado pueden obtener peores resultados que granjas con sanidad más regular y equipos consolidados, y buena parte de los problemas que se atribuyen a patología tienen su origen en el manejo de lechones, temperaturas o vacunaciones.
Nutrición: no hay curva universal
La pregunta por la curva de alimentación ideal no tiene una respuesta válida para todas las granjas. La estrategia debe personalizarse según el tipo de dosificación (manual o electrónica), el nivel de la pirámide (producción o multiplicación), la genética, la prolificidad, la estación del año e incluso la estructura de trabajo de cada explotación. Los dosificadores electrónicos han ampliado el margen para ajustar curvas y horarios con precisión, pero exigen conocer bien la fórmula que se está comprando: una cerda hiperprolífica requiere un pienso con niveles proteicos acordes a sus necesidades y un manejo más específico, mientras que otras genéticas no justifican esa inversión.
La retirada del óxido de zinc y la reducción del uso de antibióticos han elevado también el peso de la higiene (limpieza y desinfección de naves, higienización de agua y silos, uso de secantes) y han impulsado al sector a profundizar en el conocimiento nutricional como herramienta sanitaria.
Los datos como herramienta de decisión
El análisis de datos productivos es lo que da objetividad a todo lo anterior. Los sistemas de gestión y las aplicaciones móviles permiten hoy revisar a diario las incidencias de las granjas y programar análisis periódicos, mensuales o trimestrales, para detectar desviaciones que la rutina de la nave no deja ver. Actuar pronto sobre una desviación limita su alcance y su coste. Los datos cumplen además una función de acompañamiento del equipo: cuando el personal percibe que lo que registra se revisa y se discute, mejora la calidad del registro y el compromiso con la producción.
El factor humano y el futuro del rol
Los equipos estables y cohesionados se asocian a mejores resultados a largo plazo que las granjas con alta rotación, y la gestión de personas (motivación, conflictos, organización de turnos y fines de semana) es una competencia que la formación universitaria apenas aborda. En este contexto, la tendencia del sector apunta hacia una mayor especialización: veterinarios responsables de un número más acotado de granjas, con un control más integral de cada una, apoyados en equipos de ingeniería, nutrición y laboratorio. Y para quien inicia su carrera en producción porcina, el paso previo por el trabajo de granja sigue siendo el camino más sólido para entender los procesos, ganarse la confianza de los equipos y, con el tiempo, dirigirlos.
Conoce al invitado
Óscar Estévez Romero es veterinario, graduado en la Universidad Alfonso X el Sabio, y director técnico del Grupo Santos Narros, integradora porcina con granjas propias e integradas en Cuéllar (Segovia). Empezó en el sector como operario de granja en 2019 y, desde entonces, ha recorrido el camino de veterinario de explotación hasta la dirección técnica. Es además formador de bienestar animal en granja, transporte y matadero.
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