CerdoCast #246 – ¿Cuánto cuesta realmente producir un kilo de cerdo? – MSc. Cintia Fracaroli

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Hablemos del “eslabón olvidado” donde se define la rentabilidad…

La producción porcina atraviesa un escenario de competitividad. Por primera vez en años, países de fuerte peso productivo como China, Brasil y la Unión Europea, registran quebrantos del orden de 40 a 60 dólares por cerdo en pie. Argentina, con un consumo per cápita cercano a los 19 kg/habitante/año y una producción en crecimiento, mantiene una situación comparativamente más estable, rara vez sostiene rentabilidades negativas por períodos prolongados. Sin embargo, el margen se ha estrechado y el sistema compite con carne importada de menor costo, lo que instala a la eficiencia como condición de permanencia.

En ese marco, la etapa de crecimiento y terminación —el Sitio 3— adquiere un protagonismo económico decisivo. Es allí donde se concentra entre el 65 y el 75% del costo de producción (y hasta un 80% en países importadores de materia prima), dado que es la fase de mayor consumo de alimento y de dietas de mayor volumen. Paradójicamente, suele ser el sitio menos observado: mientras el Sitio 1 tiende a estar supervisado con sistemas de gestión y toma de datos, el Sitio 3 —más dinámico, con menos puntos de observación y con mano de obra frecuentemente limitada— queda relegado. Se transforma así en un cuello de botella capaz de licuar la rentabilidad de toda la granja.

Medir para decidir

La premisa que ordena toda estrategia de eficiencia es simple: no se puede mejorar lo que no se mide. Una decisión nutricional sin datos, en palabras de la especialista, no es más que una opinión. El conjunto mínimo de registros —independiente de la escala— incluye fechas y pesos de ingreso, cantidad de animales, consumo de alimento por fase de dieta (no solo el total), peso y edad de salida, y un registro fiel de la mortalidad y sus causas.

El agua merece un capítulo propio. Por cada kilogramo de alimento consumido, el animal ingiere aproximadamente 2,5 a 3 litros de agua; una oferta deficiente compromete directamente la performance. Además, el consumo de agua funciona como indicador temprano: una caída súbita anticipa una enfermedad o un problema de bebederos antes que cualquier otro signo. La observación directa —unos segundos frente al corral para evaluar comedero, bebedero, caudal y presencia de animales enfermos— constituye una herramienta diagnóstica de bajo costo y alto valor.

La conversión alimenticia sintetiza esta lógica. Un desvío de apenas 0,1 punto (100 g) puede representar miles de dólares según la escala del sistema. Cuando la rentabilidad se ajusta, ese punto de conversión define la frontera entre el margen positivo y el negativo: en mercados con años de rentabilidad negativa, quien no mide, queda fuera.

Del costo de la dieta al costo por kilo producido

El indicador que verdaderamente gobierna la rentabilidad no es el costo de la dieta, sino el costo por kilo producido —y, en un plano más fino, el ingreso sobre costo de alimento—. El foco no debe ponerse en lo que la nutrición cuesta, sino en lo que devuelve. Este cambio de mentalidad permite comparar alternativas nutricionales sobre una base económica real y orientar la formulación hacia el mejor resultado del sistema.

Densidad: exprimir el galpón sin perder performance

La presión por maximizar kilos por galpón —potenciada por genéticas hiperprolificas y por instalaciones antiguas ya amortizadas— tiende a aumentar la densidad en terminación. Manejar este desafío exige atender varios frentes de forma simultánea: garantizar condiciones ambientales que eviten el estrés (el estrés ambiental sumado a la alta densidad deprime la performance de manera acumulativa), asegurar suficientes bocas de comedero y bebederos, y ajustar la estrategia nutricional mediante la densificación de nutrientes de la dieta (el mismo principio aplicado en verano, cuando el consumo cae). A ello se suman las tecnologías de aditivos —orientadas al aporte de nutrientes, al bienestar y un metabolismo más eficiente—, el uso de comederos seco-húmedos (que optimizan el tiempo de acceso al integrar agua y alimento) y el despunte, que retira los animales más pesados 30 a 40 días antes para liberar espacio para el resto del lote.

La mortalidad tardía: la pérdida más cara

Las muertes al final del ciclo —por muerte súbita o torsión— son especialmente onerosas: recaen sobre el animal de mayor valor, con toda la alimentación, la medicación y la mano de obra ya invertidas. Aunque el fenómeno es multifactorial, el principal disparador es el estrés por falta de alimento: horas sin consumo llevan a una ingesta apresurada y de golpe que, en animales de baja movilidad, favorece la torsión. A ello se agregan factores ambientales (ventilación deficiente, acumulación de gases) y nutricionales, como el exceso de fibra fermentable derivado de la variabilidad de las materias primas o de errores de formulación. El uso de enzimas, por ejemplo, que faciliten la digestión de la fibra y reduzcan la fermentación aparece como una estrategia preventiva coherente. La referencia de campo en Argentina ronda el 3% de mortandad de galpón, cuando el objetivo debería ubicarse en torno a la mitad de ese valor.

Conclusión

La eficiencia del Sitio 3 se construye con dos herramientas al alcance de cualquier escala: observación directa y registro sistemático de datos. Como valores de referencia prácticos para una buena rentabilidad, la especialista menciona una conversión en torno a 2,5 y una mortalidad cercana al 1,5%. El dato de consumo, en particular, es la materia prima del nutricionista para modelar el crecimiento y formular con precisión en gramos de lisina y kilocalorías de energía por día. En un mercado que se endurece, esa disciplina de medición es lo que separa a los sistemas que perduran de los que quedan en el camino.

Conoce a la invitada

Cintia Fracaroli es zootecnista, formada en la Universidad Estadual de São Paulo (Brasil), donde también realizó su maestría. Cuenta con más de 15 años de trayectoria en la industria de la nutrición animal.
Actualmente se desempeña como consultora técnica nutricionista en el área de cerdos para Provimi – Cargill en Argentina.

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